Y de nuevo la misma piedra, piedra cabezona que se pone en el camino y hace zancadillas. Y no contento el pedruzco con hacer caer, levita y se tira sobre el pecho, haciéndo pedazos un corazón recién cicatrizado. Eros es cruel, despiadado y calculador, pone las piedras malvadas en los caminos, caen sin previo aviso y las pinta de colores para que nuestros corazones ,sigilosos por haberse encontrado antes con piedras parecidas , se acerquen. Y caemos en la trampa, para ver morir nuestro corazón otra vez. Y otra vez, por los siglos de los siglos. Y los colores que nos matan se van con otras piedras, ¿porqué esas otras piedras no rompen sus corazones malditos? El kharma al parecer no existe, y los individuos que cortejan y se van con demonios bíblicos abundan.

He dicho, que quede constancia: no todo lo que brilla es oro, casi siempre son piedras opacas vestidas de papel dorado. Sobre todo si esas piedras hablan y escriben bonito.